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PETRA V.1.0

Sobre cebollas, caídas y un pie desnudo

Sobre cebollas, caídas y un pie desnudo La decisión fue difícil, ir al supermercado o a la feria. Alain Botton debió ver mi rostro ante tal situación. Pero decidí arroparme de la mezcla de mujeres arrastrando carritos y la picardía de los vendedores informales, los caseritos para los más experimentados, en esa aventura de comprar en la feria dominical.

Fue ahí que le vi. EL vendedor de cebollas, vi la muleta y su dificultad para caminar. No pude evitar preguntarle: -¿qué le pasó casero en la pierna?. Mientras su mujer, cigarrillo en mano, envolvía las cebollas, el feriante empezó a contarme.

Había sido carpintero, llegó a ser de primera aclaró. Una vez en una obra, estando en el octavo piso sobre un andamio, éste perdió estabilidad y lo arrojó al suelo junto a cuatro compañeros. El no sabe cómo se salvó, cayó encima de dos que no vivieron para contarla, -uno en ese momento no se da cuenta de nada- dijo; así que con la jubilación decidimos con mi esposa dedicarnos a vender cebollas y ajos, algo que no fuera muy complicado explicaba. Le respondí con la torpeza que le viene a una cuando queda impresionada. Al ver mi emoción, agregó que todos teníamos un sufrimiento en la vida. Quise recuperar mi serenidad habitual (aquello cool que nos caracteriza a los que creemos que lo somos) y le tiré un -Ni que lo diga, pero a final de cuentas estamos vivos que es lo que cuenta ¿verdad?-, entonces ahí el hombre sonrió mirando a su esposa, una mujer cuya belleza se perdía en sus intensas cejas. Ella, extraviada de ese momento, producto de ese alemán que hace de las suyas -Alzheimer-, le pasó las cebollas a su marido y se llevó el cigarrillo a la boca para mirarse las uñas mal pintadas.

Regresé a casa pensando que tal vez me caí de un octavo piso años atrás, que tal vez no morí por los que cayeron primero que yo y me salvaron. Pero no, sólo me caí una vez a los 15 años, donde me rompí un tobillo, aquella vez el profesor de Física, el hombre más bello del colegio, me tomó en brazos, me llevó a la enfermería y me sacó el calcetín y el zapato. Esa caída también fue importante para mí: comprendí que -aún en el dolor- desnudar mi pie frente a un hombre bello me provocaba placeres inimaginables.
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5 comentarios

petra -

Muchas gracias Juan por tus elogios.
P.

juan -

Tienes una capacidad extraordinaria para crear (o compartir) la emoción. Y en un envoltorio tan hermoso. Tus textos son una ráfaga de frescor en medio del trajín diario. J.
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Roberto -

Si te vió a los ojos mientras te sacaba el zapato y lo demás no te ha olvidado...

petra -

Tono, aquel profesor de física -italiano- que desnudó mi pie quebrado debe estar rondando hoy los 55 años, imagino que nos sentaríamos a charlar del caos. Otro placer inimaginable que creo, me otorgaría.

Tono -

Petra, me encanto lo que escribiste.
Me imagine inmediatamente una foto con la pareja de vendedores de cebollas y ajos.
Que harias si te encontraras ahora con el profesorde fisica?
Saludos
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