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PETRA V.1.0

la pasión

la pasión Lo recuerdo muy bien. Los versos de Santa Teresa suscitaban mi curiosidad, quizás lo hacían por la insistente recreación que la Hna. Cristina hacía de ellos. Había un brillo especial en sus immensos ojos azules cuando le tocaba hablarnos de la prosa de la escritora santa. Por momentos, ella traspasaba en mí “algo” que no comprendía, pero que nos atravesaba a las dos y la santa de Ávila lo decía en pocas palabras. Tenía diez años, poco más tal vez.

Su excusa era hablarnos de ascetas y místicos en alguna clase de literatura. Pero ni San Juan, tan amigo de Teresa de Jesús, o Fray Luis de León podían encender ese brillo en sus ojos. Sus cejas se alzaban con vehemencia cuando contaba la atrocidad de la santa desmembrada, luciendo su brazo amputado como una reliquia mágica en la oscuridad de alguna catedral.

“Ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.”


Al salir al recreo, solíamos junto a una amiga ir a la capilla del colegio. Nuestro fin era descubrir una antigua puerta que se suponía había en ese lugar y conectaba con ciertos túneles de la época de la guerra civil. Las historias que se contaban de ese lugar obligaban a realizar el hallazgo, nunca se sabía si habríamos de descubrir algún secreto no dicho. Sin embargo, nunca lo descubrimos, el azar impuso su decisión de no develar misterios ya que siempre fuimos sorprendidas. De regreso a clase y saliendo de la capilla, nos encontrábamos frente al Cristo crucificado. Hacíamos la genuflexión de rigor, un poco asustadas, otro poco decepcionadas de nuestra desventura arqueológica. Y volvía a mí “aquello”:

“Y si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
Que muero porque no muero”.


Era tanta mi curiosidad que me compré una postal con los versos de la santa, lo coloqué en la portada de mi cuaderno de literatura. Era una postal con una horrible ilustración imitando un pergamino y escrito sobre él los versos del hall of the fame de la literatura ascética-mística:

“Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.”


La santa, decía mi tutora de ojos azules, era coqueta y altanera. Era mujer y escribía. Poseía cualidades increíbles.

Esta tarde recordaba a la santa, a la Hna. Cristina y mis primeros pasos en el mundo de la pasión. Pensaba en la otra pasión, la necesaria de ser mostrada y que un australiano pseudofanático llevó a la imagen: un Cristo sofocado de dolor y violencia, un pueblo hambriento de dolor ajeno, morbo y miseria.

Pero, por un momento, centré mi pensamiento en el protagonista de toda esta historia. Por un momento la idea de Cristo y lo humano. Crucificado cada año, una vez por año. Dos mil veces crucificado.

“Un alma en Dios escondida,
¿qué tiene que desear
sino amar y más amar,
y en amor todo encendida,
tornarte de nuevo a amar?”
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3 comentarios

Vanesa -

Hola Petra, los versos de esta Santa te hacen reconocer la tendencia natural que tenemos al amor, al amar hasta el extremo... que corazón no se inflama ante estos versos que te remiten a una entrega total... oe gracias por que recordar que se puede amar asi, da esperanzas.
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Bene -

Hola Petra, m'ha agradat molt el teu article. Se poco de Teresa de Avila, pero se nota que tenia una gran fuerza interior, sabia amar que es lo mas importante en esta vida. Puc parlar una miqueta de català perquè el meu pare ha viscut sis anys a Malgrat de Mar, ell és castellà, de Burgos, i jo peruà.

Roberto -

Nada te turbe Petra, te dijo alguna vez Santa Teresa… y ella que amaba tanto pudo escribir esos versos místicos e inquietos que alguna vez leí y hoy me haces recordar...
Ya toda me entregué y di,
Y de tal suerte he trocado,
Que mi Amado es para mí
Y yo soy para mi Amado.
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