Identifíquese, please

Petra era tan linda de pequeña, recordó tu tía. Te sonrojaste y pensaste que eso es lo que te pasaba la mayor parte del tiempo de pequeña. Vivías sonrojándote. La noche se cerraba junto al local y saliste a la calle con ganas de caminar. Tomemos un taxi. No, vayamos a pie. Mejor un taxi, es tarde. No, vayamos a pie, la noche está tibia. Y el taxi se estacionó para llevarte a dormir.
Al día siguiente, despiertas sintiendo rabia por no ser un dromedario, pues mueres de sed. Desayunar una coca-light helada no debe ser muy saludable, piensas y recuerdas que debes volver a la clínica. En el camino, recuerdas quien fuiste y piensas quien eres. Y tratas de identificar lo que tu cabeza dice.
Identificar, piensas. Identificar.
Un joven te dice señora, soy una señora. Un señora te dice señorita, soy una señorita. ¿Usted es pariente? Soy pariente. El celular suena, soy hermana. El celular suena, soy hija. El celular suena, soy amiga. Pulse el botón para cruzar, soy peatón. Dame tu mail, soy cibernauta. Cotizáme para el lunes, soy diseñadora. Es lógico que pienses diferente, soy española. Hablas muy suave, soy chilena.
Identificar. Crear un mapa de las diferencias que te envuelven, de las semejanzas que te hacen compartible.
Y piensas que si oyes todo lo que otros usan para identificarte, te mareas de sentido. Pues todos necesitan identificarte, necesitan no temerte, saber quién eres, acomodarte a sus registros únicos, particulares. A veces según el estándard, otras según la forma o el fondo. Y sí, todo eso eres y puedes ser más, mucho más.
De vuelta a la rutina, un salto de línea te ha enseñado lo frágil de la vida, comprendes que no te es saludable invertir demasiado tiempo en filosofías urbanas. El mundo inventará mil formas de decirte quién eres, pero tú, sólo tú, sabes que no eres nadie más que esa niña que vivía sonrojándose por todo. Lo demás son inventos, triquiñuelas de un existir para otros, para comunicar a otros que ya aprendiste a no sonrojarte. Al menos, no tanto.
Nadie puede por lo tanto escribir sin tomar partido apasionante (sea cual sea el desapego aparente de su mensaje) por todo lo que va bien o mal en el mundo; las desgracias y las dichas humanas, lo que suscitan en nosotros, indignaciones, juicios, aceptaciones, sueños, deseos, angustias, todo eso es materia única de los signos, pero esta que un principio nos parece inexpresable, hasta tal punto es primaria, no tarda en convertirse exclusivamente en algo nombrado.
Roland Barthes, 1967.
9 comentarios
Anónimo -
Roberto -
Ni nombre es Roberto, tengo mil años y represento a Santiago.
Anónimo -
Beso dominguero.
Isa -
Tono -
No se puede domesticar completamente el no sonrojarse: es lo que te mantiene en contacto con tu esencia.
Joe el Misterioso -
petra -
je. Slds. P.
juan -
Joe el Misterioso -