// el // evento //

Carla comprendió que ya se le doblaba la preocupación. Era cierto que Beatriz en su afán estilístico sólo compraba zapatos estrambóticos y aquello no era ocasión para snobismos. Además que calzaba un número más que ella. De repente, tenían otro problema que resolver. Cómo si ya no hubieran suficientes.
Partieron al mall, decididas a terminar con sus problemas y recorrieron ávidas de soluciones las distintas boutiques. Zara le proporcionó una revelación a Carla: una chaqueta de estación negra, rebajada de precio y que además tenía el corte perfecto que requiere una musa de film francés de culto. Sentía que el mundo se hacía cómplice de sus deseos. Ya no le importaron las caras de disgusto que colocaba Beatriz, durante el café obligado de sus salidas a mall, al comentarle de los horribles zapatos -de monja de claustro- que se había comprado.
Regresaron a sus casas, una con el mundo a sus pies y la otra con deseos de comprender porqué a los pies había que vestirlos de sobriedad.
Pelusa llamó por teléfono a Beatriz para decirle que ya no tenía la chaqueta del cumpleaños de Ciro, pero se alegró de saber que ya no era necesaria. Después de comentarle que ella ya tenía el traje, que se pondría algo de color, que después de todo si era sobrio daba lo mismo, le preguntó si alguna había llamado por teléfono para saber algo más.
Beatriz fue la encargada de hacer el llamado de ese día, se turnaban, entre las tres, quien llamaba cada día.
Al colgar el teléfono, se preocupó de llamar a su hermana y a su prima para hacerles saber de las noticias del día.
-Carla. Llamé. Amaneció peor. Aún no come bien. La Lucita cree que no pasa de este fin de semana, y estaba pensando de que si es así, tal vez debieras decirle al mecánico que vea de tenerte el auto el viernes, el José ya compró el ataúd, así que ya está todo ok, sólo falta que el viejo se muera-.
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Roberto -