In-conexiones políticas

Cuando era pequeña, tuve una infantil admiración por la alemana -entonces del Partido Verde- Petra (bello nombre) Kelly, quien murió muy joven y de forma extraña. La admiraba porque tenía un talante poco común para enfrentar los temas políticos y se acercaba más a mi pequeño mundo infantil de ositos de peluche, animalitos y jardines secretos. Supongo que me sentía muy cercana a defender los derechos de mi pequeño mundo. No iba a ser negligente a que alguien destruyera aquello. Pero las vueltas de la vida lo hacen crecer a uno, el pequeño mundo se hace grande y más aún: infinito. No me voy a poner a defender las ballenas blancas ni los arrayanes, pero me da comezón reconocer, que al igual que quienes dicen gobernarme, no estoy ni ahí. Por eso escribo, quizás, para aliviar la comezón. Y se alivia, sí que sí.
Nos miramos el ombligo pensando en los malos que matan, en los buenos que sufren, en el miedo que acecha. Soy buena, Señor. He sido mala, Padre. Lo dice este ombligo distante que pareciera no pertenecerme ni aún en el beso de quien dice amarme; ombligo sin madre que busca a dios en lo imposible, en lo indecible, en lo irrepresentable.
Pero, más cerca, la tierra dice otra cosa, le dice al hombre del campo que viene el tiempo de siembra. Dice la mitología que Perséfone ha sido raptada por Hades, le recuerda al alérgico que su padecida primavera se aleja un rato, sin más, sin bondad, sin maldad y que no hay avión que exista salvo en la metáfora reinventada para compartir complacencias.
Y bueh, otro día hablaré de juezas sin intimidad, políticos pedofílicos, negocios turbios, campañas corruptas y esas vainas.
2 comentarios
Roberto -
Ah!! Y me encantó el link.
juan -